La Lechuga Colorá o «el país de las maravillas» también podría decirse. Me he sentido como Alicia cuando se atreve a cruzar al otro lado del espejo. No hay nada más opuesto a la rutina, puedes despojarte de todo, ser una persona y nada más. Todo allí es de verdad aunque parezca de cuento, los árboles frutales, el paisaje hipnótico, las brumas de la montaña, la presencia de la casa, las habitaciones, la comida.

Y sobre todo el respeto a la manera de ser y de estar de cada cual. el abrazo de María y el torbellino de su espontaneidad amorosa. La palabra dulce y la mirada limpia y humilde de Ana, su presencia casi ingrávida, ajena a todo protagonismo. Ambas, tan distintas, transmiten cosas esenciales, amor por la vida, tal y como viene. Gracias a esas diez personas que han sido la mejor compañía. Me llevo a casa todo lo recibido e intentaré aplicarlo siempre que pueda a este lado del espejo.

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